Hoy es el día de los días. Nos vamos.
Finalmente, y después de cuatro años de duro trabajo y una infinidad de sacrificios, en los que he tenido que dejar atrás muchas personas, conceptos y cosas estoy listo para emigrar. Mis abuelos italianos lo hicieron a Luxemburgo, mis padres a España y yo lo voy a hacer a Alemania. En constante cambio el mundo está, que diría el maestro Yoda, y hay que adaptarse. La verdad que estoy muy triste que una o dos generaciones de buenos, y en muchos casos excelente profesionales, tengan que exportar su talento a otros países, y no pueda ser el nuestro el que se aproveche de todo lo que nos ha dado (y nosotros nos hemos ganado, claro está). En fin, espero no estar idealizando más de la cuenta lo que me voy a encontrar allí.
En principio tengo sólo 14 semanas para mostrar mi valía, no obstante mi firme intención es quedarme. Cueste lo que cueste. Suena apasionante, pero en el fondo, aún no me ido y ya tengo morriña. Los últimos pilares de mi vida anterior van a ser segados y esto genera cierta inquietud. Se que Alemania está a sólo 150 € y 3 horas de distancia, pero no es lo mismo. El roce hace el cariño y en lontananza todo se torna complicado.
Intentaré contaros alguna cosita por aquí o por el Facebook. Si no hay noticias puede ser debido a que no hay novedades reseñables, lo cual sería realmente triste, o que las hay y son tantas que no tengo tiempo de actualizar.
Bueno, tengo que cerrar esta entrada ya que la azafata me pide que me abroche el cinturón de seguridad y apague el iPad. Cambio y corto.




